La Asociación
EL CARBONÍFERO DEL NORTE DE LEÓN
 
 

El otoño es la época de los bosques. Las hilaturas granates y doradas tejen el tapiz estacional por las faldas de las montañas antes que el desolador frío invernal desarrope los árboles de hojas y frutos.

Para celebrar la entrada de esta estación, el grupo Nautilus decidió realizar una actividad relacionada: una excursión para adentrarnos en las florestas de hace mas de 300 millones de años. Un viaje en el espacio, al norte de la provincia de León; y en el tiempo, a los profundos bosques del carbonífero.

El pasado sábado 4 de octubre, miembros del grupo Nautilus madrugaron para recibir al sol en la autopista. Era la única manera de aprovechar al máximo la jornada porque el regreso sería esa misma tarde. Antes de las 11:30 ascendieron por las sierras septentrionales de Ponferrada. El sol y las nubes les brindaron un buen día, lo que permitió una estancia agradable.

En la excursión se pudieron ver diferentes restos fósiles vegetales de licófitos (como el género Sigilaria), esfenófitos (como el género Calamites) y filicófitos (como los géneros Pecopteris, Neuropteris, etc.)

 

En la primera escombrera, como cosa singular, se visitó un lugar donde aparecen dos troncos de algún género de licófito que durante el carbonífero cayeron y formaron una "X". El tronco de este tipo de árboles estaba constituido principalmete por un tejido esponjoso y los troncos fueron colapsados por los sedimentos, de tal forma que quedaron aplastados. Los licópsidos llegaron a alcanzar alturas de hasta 40  metros y diámetros de hasta 2 m.

 
Cerca de aquel lugar se aprecian los restos de las bases de dos árboles junto con parte de sus raices (Stigmarias). En esta fotografía (izquierda) vemos uno de los dos tocones. La piqueta (parte inferior de la foto) nos ayuda a apreciar el tamaño. Por los restos que aparecen próximos a los tocones, posiblemente se trataría de dos Sigilarias.
 
Después de una mañana de calor y de caminar grandes distancias, se regresó al lugar donde se dejaron los coches. Una comida en grupo, divertida y relajada, ayudó a recuperar las fuerzas. El arroyo nos fue de gran utilidad para enfriar los refrescos y el agua.
 
Continuaron explorando otras laderas de la sierra, descubriendo otros rincones de nuestro bosque antediluviano. En la segunda escombrera también pudieron encontrar multidud de restos vegetales de licófitos, esfenófitos y filicófitos. Cada piedra, escondía en su interior una nueva forma o un dibujo diferente. Se abría a la luz por primera vez después de millones de años y era con su mirada su primer encuentro.
Podemos imaginar jóvenes y verdes frondes, cayendo a los arroyos acompañando a las gotas de un aguacero tropical o yacer arrambladas en las orillas de pantanos que una violenta tormenta doblegó. No tardarán en enterrarse en el fértil légamo para servir de asiento a jóvenes helechos. Y se formará un nuevo bosque cuya penumbra verde albergará irreconocibles sonidos de extraños insectos ...
Llegó la hora de la partida. Antes de las seis salíamos a la autovía.
Los días posteriores, cada recuerdo de aquellos frondes nos volverá a traer las ensoñaciones de viajes por los pretéritos bosques de helechos gigantes del Carbonífero.
Para saber más:
  • Fósiles vegetales - Recuros naturales de Córdoba
  • La flora estefaniense de La Magdalena (León, España), un referente europeo.
  • Introducción a los fósiles (Capítulo 3)
 
 
 

© Copyright Asociación Paleontológica Alcarreña NAUTILUS
Paleontología-Nautilus / Octubre 2008